Luis M. Carbonell
Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales.
Estimados y queridos amigos todos:
Hoy nos reunimos en este Auditorio para darle el nombre de uno de los que dirigió este Centro de Microbiología hace ya bastantes años. Siendo yo el homenajeado no me queda sino agradecer a los promotores de este honor que se me ha conferido, dando las gracias especialmente a la Dra. Gioconda San Blas, la cual con su proverbial dinamismo, logró que se efectuara este acto precisamente en los momentos críticos por lo que pasa el instituto. El que se le de mi nombre a este Auditorio no descarta en absoluto la serie de personas que han colaborado a través de los años para iniciar y hacer progresar nuestro Centro de Microbiología y Biología Celular.
Este Centro es un ejemplo clásico de cómo una institución va progresando positivamente a través de iniciativas que se superponen y continúan en el tiempo. Todo empieza en 1959 con la creación del Departamento de Histología y Patología Experimental, el cual absorbe al Laboratorio de Leprología. En 1968 este departamento recibe el nombre de Departamento de Microbiología y al unirse con el Departamento de Virología en 1969, ambos forman el Centro de Microbiología. Tiene como sede este, para entonces, recién inaugurado edificio, construido en parte con fondos donados por la Embajada de Alemania a través de los buenos oficios del Dr. Gernot Bergold, nuestro virólogo. Más tarde se desarrollan nuevos proyectos con la adición de investigadores y una ampliación estructural dando origen al Centro de Microbiología y Biología Celular.
Tengo que confesar y lo puedo decir basándome en mi actuación en las diversas posiciones que ejercí en el IVIC, que. coordinar la investigación en una institución en franco crecimiento y sobre todo, coordinar a los investigadores es una tarea ciclópea.
En el IVIC se estaba creando una nueva profesión, la del investigador profesional y el investigador actuaba, entonces como ahora, y no se crea que lo diga en sentido peyorativo, como una “prima dona” símil que calza a la perfección con el comportamiento de la diva operática. El investigador es básicamente independiente, establece que lo mas importante es lo que está haciendo, entra en delirium tremens cuando el experimento ha dado resultado positivo, pero también se deprime cuando las cosas no salen como él quiere. Pero esta depresión le sirve de estímulo para iniciar el siguiente experimento.
Por lo tanto, en más de una ocasión hay que actuar no como jefe sino como psicólogo. Precisamente por este encerramiento en si mismo, el investigador llega en casos extremos, a perder contacto con la realidad, la cual considera como un estorbo para su trabajo.
Sin embargo multitud de investigadores, de gran mérito, han salido de sus laboratorios para luchar en la defensa de sus valores y los del país. El mejor ejemplo lo tenemos en Einstein cuando se rebeló contra el uso de la bomba atómica. Aquí en el país los investigadores han salido a protestar por la prensa y en diversos foros por el inicuo tratamiento que se le da al investigador no solo por parte de las autoridades del instituto sino también, hasta el más alto nivel presidencial.
Ahora bien, ¿cómo veo yo al IVIC desde afuera, sin tomar parte en los sucesos día a día? Podría decir sin ambages que me estremezco de ira e indignación cuando me entero de las violaciones a los derechos de los investigadores, hipócritamente justificada por quienes deberían ser sus custodios. Se está tratando de implantar una cosa que llaman “ciencia pertinente”, demostrando así lo ignaro que son, pero al mismo tiempo siento una profunda pena por el lamentable silencio de otros investigadores que, precisamente por su posición y antigüedad en el Instituto, podrían influir con una protesta racional contra las malas decisiones tomadas por la Directiva del Instituto. Este silencio o indiferencia se refleja claramente en la poca asistencia a las reuniones de la Asociación de Investigadores y a las muy pocas Asambleas de Investigadores, en las cuales solo un puñado de investigadores protestan.
Ahora bien, ¿cuál es la causa de este silencio?.
A mí parecer la causa principal es el miedo o temor. Esa perturbación emocional, angustiosa del ánimo, que produce un sentimiento generalmente desagradable por la percepción de un riesgo o daño, real o imaginario. Para su información, el miedo es producido por un pequeño órgano nervioso perteneciendo al sistema límbico: la amígdala, que construye las emociones básicas. Sin embargo no crean Uds. que yo no tengo miedo, lo tengo y mucho, pero he logrado revertirlo positivamente hacia la defensa de los valores que todo investigador tiene, pero ¡sigo teniendo miedo!.
Cuando veo que el IVIC, que todos conocimos y que logró un reconocimiento nacional e internacional, se está destruyendo sistemáticamente, diría yo con alevosía y premeditación, echando por la borda cosas tan importantes como la Comisión Clasificadora, la Asamblea de Investigadores y esa interacción tan fructífera entre investigadores y autoridades, no queda más remedio que pensar que enfrentamos una situación auspiciada y liderada por un personal directivo, que a pesar de considerarse algunos de ellos investigadores, no tienen ideas claras de cómo llevar adelante esta institución científica y es más, no saben realmente lo que es ciencia y como hacerla.
Hay que tener presente que el actual gobierno y la Dirección del Instituto tienen como objetivo muy claro lograr, en el correr del tiempo, un instituto en el cual los valores de la ciencia no sean respetados, en que la imposición autoritaria sin consultas de ningún tipo sea la norma, en que la dirección de instituto sea omnipotente. En fin una institución donde los investigadores son denigrados y no creen en la meritocracia no nos queda sino la alternativa de luchar por la supervivencia.
Que triste que en nuestro país tengamos que hablar y expresarnos de esta manera, situación impensable en un país democrático, porque no nos llamemos a engaño, estamos ya en una dictadura que cada día se hará más fuerte, más restrictiva, más autoritaria y con menor atención a las necesidades del ciudadano.
Anteriormente he dicho que no nos queda sino luchar por la supervivencia. Desgraciadamente tenemos pocas armas para esta lucha final. Un arma es la protesta constante y formal, adelantándose a las malas iniciativas del gobierno. La poca nula información sobre las actividades gubernamentales hacen difícil las acciones, las mentiras incesantes dichas con enorme desfachatez, repetidas en forma constante, según lo establecido por Goebbels que “una mentira dicha en forma persistente al fin parece verdad”, las alteraciones de las estadísticas gubernamentales y las propias del instituto, todos estos factores conforman un cuadro, que si bien nos pone en desventaja, sin embargo es el mayor acicate para la lucha. Acordarse de David y Goliat.
Otro instrumento de lucha son las comunicaciones enviadas al exterior, informando sobre la situación deplorable en que está la ciencia en el país. Indudablemente hay un interés en los países desarrollados demostrado por los artículos y editoriales aparecidos en prestigiosas revistas internacionales, los cuales se hacen eco de nuestras críticas, y cuyos planteamientos han sido respondidos por el Gobierno Nacional con argumentos poco convincentes. Todo esto nos indica que la condenación constante de las políticas científicas gubernamentales en sus diversos aspectos empieza ha hacer mella.
Otro instrumento que se debe de usar en forma constante son las reuniones de grupos bajo la forma de talleres y seminarios donde se expongan y discutan las críticas a las diversas actuaciones del gobierno relacionadas con su política científica
A pesar de todo lo que está sucediendo elevemos un himno al optimismo y veamos en el futuro un IVIC restablecido, sus heridas curándose, trabajando normalmente y sobretodo prestando a la nación los servicios que le correspondan como instituto de investigación, en el momento en que todos estos maléficos olores del socialismo del Siglo XXI se hayan esfumado.
Señores
Palabras pronunciadas en ocasión de nombrar “Luis M. Carbonell” al Auditorio del Centro de Microbiología y Biología Celular el 15 de Octubre de 2009
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Wilmer Lozano Comentó
Octubre 21 2009 @ 16:03
Ustedes quieren hacer ciencia contra el gobierno? Esto es absurdo. no deben hacer ciencia para el pueblo? Científicos reaccionarios, de espaldas al pueblo, a los que les huele mal el socialismo del s. xx1, pues a millones de venezolanos les huele muy bien y por el contrario, están convencidos de acabar con las ollas podridas de este grupete de científicos prepotentes y sabiondos. Si fueran tan buenos porque no se los llevan los gringos o los japoneses, si son tan buenos váyanse, se les asegura que no harán falta, pues ustedes los sabios no merecen vivir entre indios ignorantes,
Felix J Tapia Comentó
Octubre 22 2009 @ 7:17
Sr Lozano, si ese es su nombre o como siempre es un pseudónimo para insultar y descalificar. Resulta Sr. Lozano que esos científicos son venezolanos y SI han contribuido a mejorar el país. Si tiene diferencias vayamos a un diálogo y no a la retórica del insulto, después de todo Uds. mismos insisten que esto es una democracia.
EL IVIC RINDE HOMENAJE A SUS INVESTIGADORES | AsoVAC Comentó
Noviembre 9 2009 @ 12:25
[...] en la actualidad como Presidente de la Comisión de Derechos Humanos de AsoVAC-Capitulo Caracas. Las palabras de Carbonell el día del acto, las recoge Félix Tapia en su blog. Por su parte el Centro de Medicina Experimental organizó un acto el dia 21 de octubr en donde [...]