Desorden, contradicciones, mentiras y peroratas son algunas de las características del gobierno bolivariano. Las otras, unas muy graves, mejor mencionarlas en otros momentos.
Venezuela, en lugar de seguir el ejemplo de su aliado Brasil, y el de la misma Cuba, se empeña con su afán proselitista en hablar y promover una supuesta ciencia pertinente. Puro bla bla … el dinero se dispersa y diluye en propaganda política y poco, muy poco, va al desarrollo del estamento científico-tecnológico del país.
Ahora son, como por arte de magia, las mismas instituciones de la ciencia adscritas al Ministerio de CyT, las que sufren cortes significativos, e invierten en dinero para “consolidar el nuevo modelo socialista bolivariano”.
De esto escribe Jaime Requena en su columna semana en TalCual.
Presupuestos
TalCual
Con Ciencia
Lunes 30 de Noviembre de 2009
Jaime Requena
Después de mucho hurgar, la periodista de investigación Carolina Conde de El Nacional logró descifrar los misterios de las asignaciones presupuestarias a los centros nacionales de investigación científica y tecnológica. La pesquisa no le fue fácil ya que los números para la ciencia están enterrados dentro del megapresupuesto del Ministerio del Poder Popular para la Ciencia, Tecnología, Innovación e Industrias Ligeras, Medianas y hasta Intermedias.
Ello hace virtualmente imposible distinguir entre los recursos necesarios para llevar a cabo investigación científica, desarrollo tecnológico o innovación propiamente dicha, de lo gastado en elucubrar sobre alguna fábrica o de la compra en China de corotos que pasan a ser mostrado como un gran logro de nuestra capacidad creativa. Es así que los Infocentros, locales comunitarios donde los compatriotas pueden hacer uso de facilidades informáticas para negocios, estudio o entretenimiento, aparece como un rubro de actividad investigativa cuando a todas luces no lo son.
Tampoco se contabilizan recursos propios del sector como los provenientes de Locti. Y ellos no son poca cosa. Para el año que viene se espera que ese rubro alcance la astronómica cifra del 4% del PIB. Y si bien alguna parte de ellos se quedara en el redil de las actividades de ciencia y tecnología endógenas a las empresas aportantes, otra nada despreciable parte deberá ser consignada en las arcas ministeriales.
Reveló la periodista que para el año que viene, a los centros de investigación y desarrollo se les ha asignado más o menos lo mismo que les fue entregado este año. Pero como los bolívares de ayer no son equivalentes a los de mañana, erosionados por la feroz inflación, tuvo que concluir su análisis haciendo notar que casi todos los entes sectoriales terminarán recibiendo en el 2010 menos recursos financieros de lo que están recibiendo este año. En otras palabras, al no preverse ajustes, si este año los churupos fueron insuficientes, lo que nos espera el año arriba luce terrible.
Una institución del sector ciencia y tecnología pareciera que se ganó el kino presupuestario, fue el Centro de Investigaciones Astronómicas de Mérida (o CIDA), el cual recibirá en el 2010 el presupuesto más alto de su historia; casi el triple de lo que recibió el 2009. Pero desafortunadamente eso no se verá reflejado en telescopios más poderosos, nuevas facilidades de computación, mejores sitios de observación, más puestos de trabajo o mayores recursos para la formación de la generación de relevo y, por ende, en más publicaciones. Y es que el dinero adicional que recibirá el CIDA en el 2010 sobre lo asignado este año no es para hacer más y mejor ciencia. Esos reales están marcados y destinados a empapelar laboratorios y pasillos con colorados afiches alabando la revolución.
El CIDA como todos los organismos sectoriales recibirá, independientemente de su presupuesto operativo, una nueva partida que oscilará entre diez y veinte millones de bolívares para “consolidar el nuevo modelo socialista bolivariano”. La aparición de esa nueva partida es lo que justifica que nos preocupemos sobre el destino de los recursos Locti. Y es que ellos no pueden ser desviados para adecuar el país a un modelo que la mitad de los venezolanos no comparten. Esos fondos deben ser distribuidos oportunamente entre los investigadores con base en la excelencia de sus propuestas, sin distingo de disciplina académica o de credo, político, religioso o cultural.
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