biólogo, inmunólogo, parasitólogo, rockero, farandulero, ucevista y venezolano
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Leonardo Padrón

 

Leonardo Padrón (Caracas, 1959) ha obtenido muchos logros en su carrera como escritor, poeta, ensayista, guionista de televisión y cine, y articulista de prensa. Comenzó estudiando Letras en la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) y de ahí en adelante ha capturado al lector y al televidente con poemarios como Tatuaje (editado por Eclepsidra en el año 2000 y del que se extraen estos versos), Balada (1993), Crónicas de la vigilia y La orilla encencida; guiones de cine entre los que destaca el de Manuela Sáenz; telenovelas como Amantes de luna llena, El país de las mujeres y Amores de fin de siglo; unitarios para televisión como La Madame y Cuerpos clandestinos; y documentales como Angeles desterrados y El santo negro. También productor de televisión, Padrón ha experimentado la labor docente en recintos como la UCAB, la Universidad de los Andes, la Universidad de Salamanca (España), el Museo de Bellas Artes, y el Instituto de Creatividad y Comunicación (ICREA). El Nacional – Sábado 27 de enero de 2001

El venezolano es …

“El venezolano es una sonrisa que oscila entre el descreimiento y la ilusión. Un espíritu astuto y callejero, emboscado entre la fiesta y la abulia. Cultivamos la lujuria y la amnesia, el abrazo y la apatía. Somos seres ruidosos y conservadores, esnobistas y ligeros de sangre. Magníficos para los días de sol y, por lo tanto, condenados a la eterna juventud. Dignos hijos del bolero y la imaginación. Extraños alquimistas proclives a transformar la política en chisme y el petróleo en dengue. Somos a su vez, un catálogo de buen humor y malas estadísticas. Tan enamoradizos y apetentes de afecto que cualquier malabarista iletrado nos convence. Y, sobre todo, somos dueños de una preciosa paradoja: a pesar de tener una colección de pésimos gobernantes somos inauditamente felices”.
Todo en Domingo, El Nacional, 7 de octubre de 2001

Has llegado tan impuntualmente a mi vida
que he decidido corregir todos los relojes
hacia tu posibilidad.

Que este poema te suba la falda
que te arrime hacia la mesa
lubricándote el cierre
abriéndote las ganas
que te humedezca lentamente
gastándose en el fin de tus piernas
en tus últimas partes
que te incendie contra la pared
alzándote, removiéndose, luchándote
contigo en las uñas, el grito mínimo, en el cuello
que te sea enorme, violenta y penetrada
que este poema te rasgue el deseo
que gimas entre tus brazos
¡ah! Esta caricia desquiciada
y la furia el jadeo
hasta sangrarnos

Mi amiga de ojos roncos, mi noche preferida, mi compañera de pasillo y fragmento, mi secreto a punto, mi flauta de viaje, mi historia lúcida, tan sin faltas de ortografía, tan sin himnos ni tardes rigurosas, mi mejor trago, mi exquisita.
¿En cual frase te convertiste en mas nunca?

Pedimento
Quisiera una mujer de ojos de neón que llorara de amor sobre mi camisa. Una mujer con ramajes de oscuridad en sus besos. Una mujer que fuera la mas larga avenida del mundo. Para que se me fuera la vida allí. En el tránsito de sus piernas.

Boulevard
Todas las tardes me dedico a deambular por esta bella ciudad de mierda
sin mayor orden ni concierto que recoger tickets de lavandería del suelo,
y contar toda la chatarra que consigo a mis pies
desagües, ancianos, naranjas,
adolescentes narcotizados,
talleres mecánicos, dientes cariados, ojos eléctricos,
ex boxeadores orinando la fachada de las iglesias
vendedores de fritangas y fresas oscuras
recitales de poesía en idiomas imprevistos
niñas líquidas que exhiben su ombligo de cristal
donde yo juego a encajar una esfera que no es el amor
ni siquiera el sexo, ni una uña de tigre de Siberia,
tropiezo con buhoneros, pensiones de mala muerte, perros rojos
de tanto ladrar
y corbatas dignas de un incendio
consigo hombres escarbando en la basura
buscando la última edición de la Biblia,
el mejor libro de autoayuda que ha escrito alguien
así gritan los pregoneros, así piensan los políticos en mitad de la orgía.
Esta ciudad es un concierto de rock
un desfile de largas piernas turbias con el nombre de la mujer que amo
un aguacero de putas viejas y mandarinas
un chirrido de crack en los pulmones.
Yo escupo sobre el plexo solar de esta calle
amanezco abrazado a los bomberos de mi urbanización
celebro mi hastío en los parques
los restos de alcohol que brillan en el suelo
el delirio de los vagabundos a las dos de la tarde
tus pechos que marean a un ascensor de hombres desesperados
mientras Dios golpea impaciente un teléfono público
y no puede comunicarse con los dueños de esta ciudad
¿quién presta un celular, quien atiende su voz, su reclamo,
su grito de almanaque olvidado?.
Por las tuberías circula el pensamiento unánime de todos aquellos
que se lavan la cara y ríen y duermen en esta bella ciudad de mierda
y yo hundo mi rostro en este valle
y voy con mi mosca amaestrada sobre el hombro
con mi aspecto de peatón bautizado en aceite de luna
flotando como una factura de hotel sobre charcos del pavimento
donde un ejército de vendedores de ropa interior
y postales de la última navidad
gritan el precio de sus vidas desperdiciadas
y los minoristas de bluejeans proclaman el limbo de su miseria
en sus propios huesos zurdos
y los astrólogos de supermercado, los porteros de los bares,
los jefes civiles de la soledad
repiten la vieja canción de los crepúsculos
y la ciudad entera se derrumba
con la dulzura de los orgasmos caraqueños.

Pirotecnia
Acércate.
Derrúmbate en mis manos.
Inclina tus aguas.
Déjame hacerte en los límites.
Sé una feria en la nada.
Abre los ojos.
Sé mi abismo.
Incéndiate como un ruido que le sobre al atardecer.
Entra.
Pégate a mis pómulos.
Que se divise el corazón.
Última Hora
En Ucrania gritan fraude en una lengua pastosa.
En Estados Unidos el aborto pierde las elecciones.
Mi país se da golpes contra las paredes.
Y yo no sé si podré obviarte
en este mapa de huesos confusos.
Caracas arde
sin las conjeturas del sol.
Y el día es un alazán desconcertado.

Religión
Mi voz se hace líquida a una cuadra de tu cuello.
Pido una reunión urgente entre tus piernas.
Hay una fiesta oscura en la catedral:
así le dicen a tus escombros.
La blasfemia es una belleza atormentada.

Novenario
Tus besos me estropearon el idioma.
Hay una sílaba por cada día que te esperé.
Soy un escombro.
Una sobredosis mal escrita.
Un día de alambre.
Un mordisco negro en el corazón.

Réquiem
Yo quise amarte hasta la Patagonia.
Fue imposible.
En cada kilómetro fundamental quedó tu espuma.
El burladero.
Ahora toca el regreso.
Arder en el país del olvido.
Como un extranjero sin párpados.
La oscuridad es un cuerpo precipitado.