El Nacional dedica un domingo a la ciencia
El trabajo en la sección Siete Días cubre todo los aspectos que han sacudido la CyT en los últimos meses y años en cuatro artículos titulados Ciencia bajo la lupa, Talentos que huyen, ¿Élite o meritocracia? y Visiones contrapuestas. Otro artículo titulado “El desarrollo de un país depende de la ciencia”es una entrevista a Jacinto Convit que clocaremos en nota separada.
Ciencia bajo la lupa
La controversia sigue viva en el Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas seis meses después de que Hugo Chávez, en un Aló, Presidente , exhortó al ministro de Ciencia, Tecnología e Industrias Intermedias, Jesse Chacón a “apretar las tuercas” en ese organismo y llamó a los científicos a salir de los laboratorios para volcarse a hacer “ciencia pertinente”, con rápido impacto en las comunidades. Hasta la fecha ninguna autoridad les ha explicado por qué el alto gobierno considera que las investigaciones que se hacen allí no atienden los problemas del país. El 11 de noviembre, un grupo de 50 investigadores del IVIC envió una carta al director del ente, Ángel Viloria, en la que solicitaron información sobre el nuevo rumbo que tomará el trabajo de investigación. Además, pidieron precisiones sobre el recorte presupuestario del instituto, un factor que crea zozobra entre su personal por la suerte de los laboratorios y proyectos en curso. Entre algunos investigadores caló la orden de que sólo con autorización podrían hablar sobre el IVIC y su trabajo. “Tenemos prohibido por la Dirección dar declaraciones a los medios, sobre todo con relación a la salud de la institución”, se excusó uno. Otro prefirió callar porque sus opiniones le podrían costar el financiamiento del Estado a sus investigaciones y afectaría a quienes trabajan con él. Recuerda bien cuando Claudio Mendoza, jefe del Laboratorio de Física Computacional, fue destituido en 2007 por firmar un artículo en el que criticaba la posible incursión nuclear venezolana. Aproximadamente 150 investigadores ocupan el escalafón académico más alto, según los cálculos de la asociación que los reúne. Un grupo de ellos se ha sentido presionado por razones políticas y exige ser consultado sobre las decisiones de envergadura. Egidio Romano, director del instituto entre 1997 y 2004, dice que ese siempre ha sido el objetivo. Recuerda que el ente que precedió al IVIC trabajó en problemas médicos que afectaban a la población como el virus de la fiebre amarilla. “Ya fundado el IVIC, un grupo de investigadores estudió la anemia y el hipotiroidismo, las micosis. Hay que entender que los conocimientos básicos originan después más avances. Los que hablan de ciencia pertinente se refieren a cosas que tienen aplicación inmediata; tienen una visión de corto plazo”. Estudios sobre nutrición, genética, microbiología, dengue, VIH y rotavirus que causan diarreas en los niños se suman a la lista de investigaciones con resultados próximos a las comunidades que cita Romano. Este año, el IVIC desarrolla 307 proyectos, principalmente en áreas como inmunología, hematología, genética, nutrición, enfermedades parasitarias, hongos y virus, tuberculosis, petróleo y energía, y preservación de la biodiversidad. Los investigadores insisten en que basta hacer un rápido repaso a la historia del IVIC para demostrar la validez del trabajo realizado en distintas áreas. Por ejemplo, la creación en los años setenta del Instituto de Tecnología Venezolana para el Petróleo (Intevep), que hizo estudios sobre crudos pesados y produjo patentes para la industria; la instalación de Quimbiotec, una fábrica de medicamentos derivados del plasma sanguíneo humano, usados en el tratamiento de personas con deficiencias inmunes; y la conversión del único reactor nuclear que hay en Venezuela en una fuente de esterilización mediante rayos gamma para alimentos y productos industriales. El investigador Jaime Requena considera que cerca de 90% de los proyectos que desarrolla el IVIC tendrán aplicación práctica en las comunidades, aunque no en corto tiempo. “La ciencia, si es de calidad, es una actividad a mediano y largo plazo, como en todo el mundo. Los investigadores, que pueden tardar hasta 20 años en convertirse en titulares, deben publicar en revistas internacionales, cotejar sus resultados y someterse al juicio de sus pares”, explica. Flor Pujol, jefa del Laboratorio de Virología Molecular, dice que la contradicción en las políticas científicas la deja perpleja. Cuenta que en el Centro de Microbiología un investigador joven propuso la creación de un laboratorio para análisis integral del agua, con muestras del río Guaire y otros sectores de Caracas, pero los recursos para el proyecto no han llegado. “El único laboratorio que, bajo esta óptica, parece ser pertinente no se ha instalado. El Presidente nos pide ser casi inmediatistas. Sin embargo, los proyectos bandera del Ministerio de Ciencia y Tecnología, como el satélite Simón Bolívar y el Programa Antártico Venezolano no son para resolver de forma inmediata los problemas de la nación. Ambos, para que no sean una mera compra de tecnología a otro país, requerirían de formación e investigación básica en Venezuela, en física satelital, por ejemplo. Además, la Antártica está bastante lejana a la ecología tropical o a la flora microbiana venezolana”, ironiza. La respuesta al rebrote del dengue este año podría estar en el laboratorio de Pujol. “¿Hay una cepa más agresiva que la del año pasado que explique el repunte? ¿O es lo que llamamos una ola epidemiológica? Tenemos las herramientas para responder eso, pero nadie se acerca a pedir el estudio”, afirma la viróloga. Requena asegura que varios gobiernos han intentado presionar al IVIC mediante el recorte presupuestario. “Pero no han podido. El investigador es un hombre crítico. La naturaleza de la ciencia es cuestionar”, indica. En agosto, a Reinaldo Di Polo se le notificó que debía dejar su laboratorio por “incumplir el horario de trabajo”. El biofísico con 43 años de labor en el IVIC tiene un récord de referencias en trabajos científicos: es el académico del instituto más citado por revistas internacionales especializadas. Di Polo considera que la decisión se tomó por no plegarse a la línea gubernamental y lamenta que se relegue el papel de las ciencias básicas. “Hemos trabajado durante más de 40 años en una proteína que controla la contracción del corazón y de las arterias y la regulación del calcio en el interior de las neuronas. Logramos comprender cómo funciona y pudimos aislarla y cristalizarla”, asevera. Finalmente, fue una empresa japonesa la que pudo utilizar esos conocimientos producidos en Venezuela para crear medicamentos antiarrítmicos y antihipertensivos. Sin consulta. La ley que rige el IVIC da al ministerio la potestad de designar al director; era costumbre que el favorecido por el voto de los investigadores fuera el seleccionado por el despacho. Pero en el caso de Máximo García Sucre, que sucedió a Romano en 2004, y de Ángel Viloria, nombrado en 2008, no se cumplió la tradición. La Asamblea de Investigadores es, según la norma, la instancia de decisión más importante y puede ser convocada por el director o por más de 25% del personal de mayor rango académico. Pero se ha reunido pocas veces en los últimos años. María Luisa Izaguirre, presidenta de la Asociación de Investigadores del IVIC, dice que en la gestión de García Sucre, aunque de manera esporádica, lograron hacerlo. Además, desde la eliminación en septiembre del programa de Permanencia en Labores de Investigación, que permitía a los científicos jubilados continuar frente a sus laboratorios hasta culminar sus trabajos, se desconoce qué sucederá con 26 académicos, que ahora negocian nuevos términos de su contrato. “Cuando a Viloria lo nombraron director se comprometió a hacer reuniones con los jefes de los centros y unidades (antes eran mensuales). Pero ya van casi dos años y eso no ha sucedido. Se les informaba sobre el presupuesto, gastos, partidas. Pero ahora se cambia el organigrama sin que sepamos qué pasa. Nos enteramos por una carta que en nuestro centro se crearía una unidad de análisis microbiológico; eso implica presupuesto, un espacio físico. Dentro de un centro armónico, podemos tener unidades que no responden a nosotros, sino a la dirección y esa decisión se toma a nuestras espaldas”, se queja Izaguirre. En agosto pidieron reunirse con el ministro Jesse Chacón, quien les respondió que los atendería. “Queremos investigación pertinente, que resuelva el problema de los venezolanos, y no investigaciones atadas a mecanismos que terminan produciendo papers que le sirven a los franceses, a los suizos, a los noruegos, pero que no resuelven los problemas nuestros. Dentro de ese marco, bienvenido todo el que quiera investigar. Siempre y cuando cumpla con las normas que establece la institución”, declaró en esa ocasión. Los investigadores aún esperan ser atendidos por Chacón. La asignación de fondos es una preocupación latente. El presupuesto asignado para este año, de 190.771.815 millones de bolívares fuertes se devaluó 30%, si se toma en cuenta la inflación acumulada del año pasado. Para 2010, será rebajado a 187.417.000 millones. Los recursos que dan las empresas, para cumplir con los aportes exigidos por la Ley Orgánica de Ciencia y Tecnología, desde principios de 2009 son centralizados por el ministerio y los investigadores acusan retraso en su distribución. Pujol e Izaguirre, acostumbradas a la incertidumbre de la experimentación en sus laboratorios, coinciden en que las presiones políticas ponen sobre sus espaldas una nueva ansiedad. “Para competir a escala internacional debes tener la seguridad de que tu investigación continuará. Ese factor te mantiene con un gasto de energía. ¿Nos darán los fondos? ¿Podremos seguir trabajando? ¿Los estudiantes podrán terminar sus tesis?”, son preguntas que se hace Izaguirre al apagar cada tarde las luces de su laboratorio. Talentos que huyen Las autoridades aseguran que ha crecido la matrícula de estudiantes de posgrado en el IVIC, pero puertas adentro se habla de una crisis por la ausencia de una generación de relevo J.no quiere declarar con su nombre y apellido porque teme por el destino de la tesis de doctorado, que desarrolla en el Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas. “Cuando estás dentro, notas que hay grupos de investigadores que reciben más apoyo porque están con la línea del Gobierno”, afirma. Sin embargo, dice que para seleccionarlo como estudiante no se fijaron en su tendencia política y que las exigencias académicas son estrictas. “Los sueldos son bajos. No sé si podré levantar una familia con este ingreso. Y si, además, tendré condiciones laborales inestables, porque el factor político pesa. Es como para pensarse si quieres quedarte o si aceptas la oferta de una transnacional”. Egidio Romano, que fue director del IVIC durante 7 años, dice que la falta de recurso humano que se dedique a la ciencia y a la investigación es un problema de vieja data. “Cuando planificábamos el presupuesto incluíamos recursos para captar a 20 nuevos posdoctorantes y a 5 o 6 investigadores ya formados, pero nunca ocupábamos todos los puestos. Ahora se captan menos”. Relata que hasta hace cinco años, los salarios de los investigadores del IVIC eran competitivos en comparación con los que percibían los especialistas en las universidades. Sin embargo, las remuneraciones no se ajustan desde 2005 y la inflación acumulada desde entonces pasa de 140%. “Un investigador joven, con un doctorado, tiene 30 o 32 años de edad, y puede ganar entre 3.000 y 4.000 bolívares. Parece un sueldo bueno, pero si el joven tiene familia, no creo que pueda mandar a sus hijos a un colegio privado o comprarse un carro. Si tiene que pagar el alquiler de un apartamento, se le irá el sueldo en eso. Esta no es una profesión bien remunerada”. La presidenta de la Asociación de Investigadores del IVIC, María Luisa Izaguirre, explica que la incertidumbre por el déficit presupuestario afecta a los nuevos talentos que cursan estudios de cuarto nivel en el centro: “Tener a un estudiante en un laboratorio es un gasto y un compromiso. No le puedes decir que su tesis se quedó a mitad de camino”. Después de renuncias recientes en algunos casos por quejas de retrasos en los ascensos y la partida al exterior de otros 6 científicos, en Asoinvic calculan que el instituto tiene 150 investigadores. Las cifras no coinciden con las del director Ángel Viloria, quien en septiembre dijo a medios oficiales, que en el IVIC trabajan alrededor de 190 investigadores, más 600 profesionales y técnicos calificados como personal de investigación. Habría también 700 estudiantes inscritos en el Centro de Estudios Avanzados. Pero no hay manera de corroborar los datos aportados por Viloria, pues desde 2005 el organismo no ha hecho público su informe anual de gestión. A principios de 2009, Viloria reconoció que en los últimos 4 años se han retirado 23 investigadores, pero agregó que, en el mismo lapso, había ingresado un promedio de 15 profesionales por año. “Tampoco es fácil conseguir gente con doctorados que quiera dedicarse a la investigación, especialmente porque los intereses son variados y hay ofertas diversas”, admitió. Flor Pujol, jefa del Laboratorio de Virología del IVIC, opina que la efectividad de los programas de becas para maestrías y doctorados para captar más jóvenes se ve opacada: “El problema es que la carrera es frágil. Después de pasar por la licenciatura, maestría, doctorado y posdoctorado, se tienen que ir porque el sueldo no les alcanza. Es triste y costoso para el país”. Con la reciente eliminación del programa de Permanencia en Labores de Investigación, que permitía a los jubilados mantenerse activos en sus laboratorios, parte de los académicos teme por la suerte de algunas de las líneas de estudio y proyectos en desarrollo, pues no en todas las áreas hay generación de relevo que tome las riendas. Reinaldo Di Polo, afectado por esta medida, critica que el país no tenga políticas para repatriar a los científicos que han decidido buscar mejores condiciones de trabajo en el exterior. ¿Élite o meritocracia? Hasta 20 años puede tardar un científico para obtener el grado de investigador, el máximo escalafón académico en el IVIC. Sin embargo, Ángel Viloria, director del instituto, cuestiona las investiduras académicas y dice que “son insostenibles porque reclaman privilegios al Estado sin darle adecuado retorno”. La investigadora del Centro de Microbiología y Biología Celular, María Luisa Izaguirre, critica que Viloria considere como un lujo los viajes para exponer sus trabajos en congresos internacionales. Explica que para asistir a esos encuentros, el académico debe haber aprobado el trabajo enviado al exterior. Además, una comisión calificadora compuesta por pares revisa si la actividad reúne méritos como para enviar a un científico y si se relaciona con su área de estudio. Luego, se debe contar con el visto bueno del director del instituto. “Puedes pasar meses y hasta años ocupado en el trabajo que presentarás. Nos pasamos la vida entera estudiando; si eso es un privilegio, está bien ganado por los esfuerzos que significan las presiones de las evaluaciones y los ascensos”, señala. Agrega que los congresos mantienen al día a los investigadores sobre los descubrimientos en su área y les permiten establecer alianzas con otros laboratorios. No en vano, indica, los venezolanos son buenos en la competencia por financiamiento internacional. La viróloga Flor Pujol dice que lo que se ve como prebendas son atribuciones propias de la jerarquía. “No se trata de una lucha de clases, sino de rango académico, de trabajo y experticia que se adquiere a lo largo de los años”, afirma. Visiones contrapuestas Los programas de innovación y desarrollo del Gobierno se han enfocado más en planes de carácter comunitario que en investigaciones para producir nuevos conocimientos Pero los planes que ha delineado abren interrogantes sobre los tipos de proyectos que favorecerá y no dan pistas a los investigadores en especial a los que trabajan en ciencias básicas sobre hacia dónde deben dirigir su labor. Esa misión se inscribe en la línea del Plan Nacional de Ciencia y Tecnología 20052013, dirigido a crear “un modelo endógeno de desarrollo ambientalmente sustentable para el país”. Pretende convertirse en “una herramienta para sostener la seguridad agroalimentaría, la sustentabilidad del ambiente y la soberanía de la Nación, en el tránsito de la construcción de la sociedad socialista”. Algunos sectores criticaron que en el plan se mezclaran objetivos académicos, como el otorgamiento de becas, la actualización de docentes para la enseñanza de la ciencia y el fortalecimiento de laboratorios, con otros poco relacionados con la producción de conocimientos, como el apoyo tecnológico para cooperativas, pequeñas y medianas empresas; el avance en el desarrollo de software libre; el apoyo a proyectos de inventiva popular; la creación de infocentros y la expansión de la Ruta del Chocolate para el cultivo de cacao en los pueblos costeros. La misión también se planteó la financiación de proyectos, en especial los de biotecnología, para aumentar la producción agrícola, producir fármacos para enfermedades infecciosas y tratar petróleo extrapesado. En 2007, en la Memoria y Cuenta del ministerio, se reportaron como logros de la misión 1.128 becarios en estudios de posgrados; 2.298 capacitaciones para desarrollar software libre; 15 proyectos de investigación (en áreas de salud y vivienda); 110 nuevos infocentros y 3 megainfacentros; además de 100.000 personas alfabetizadas en el uso de computadoras. Los resultados no alcanzaron las ambiciosas metas fijadas por el despacho en 2006 que, según documentos oficiales, esperaba tener 2.000 becarios, capacitar 300.000 personas en el uso de tecnologías de la información e iniciar 50 proyectos de investigación. En su artículo “La política científica y tecnológica de Venezuela”, publicado el año pasado en la Revista Electrónica Latinoamericana de Estudios Sociales, Históricos y Culturales de la Ciencia y la Tecnología, el investigador de la Universidad Simón Bolívar, Rafael Rangel Aldao, señala que “los programas nada tienen que ver con las ciencias”. Además cuestionó la poca información sobre las cuentas de la misión, en especial porque entre 2006 y 2008 ha dispuesto de 680 millones de dólares, si se suman las asignaciones del Ejecutivo y de la empresa privada, que provienen de los aportes por la Ley Orgánica de Ciencia y Tecnología. Precisa que en 2008 sólo 5% de esos recursos (cerca de 36,3 millones de dólares) fueron invertidos en proyectos de investigación y desarrollo. A tres años de su creación, las cuentas de este programa son un misterio: no las proveen en el ministerio e incluso su página web está fuera del aire. En marzo, un grupo de becarios de la misión en el exterior denunció que llevaban meses sin cobrar la asignación. ¿En crisis? La preocupación por la situación de la ciencia venezolana llegó a la revista Science a mediados de este año. El artículo puso la lupa sobre la tensión entre los científicos y el presidente Hugo Chávez y el descenso en la inversión en ciencia y tecnología. Reseñó el despido del investigador Jaime Requena de la Fundación Instituto de Estudios Avanzados, “por razones políticas” y la destitución de la geógrafa Nuris Orihuela del Ministerio de Ciencia en abril, quien fue sucedida por Jesse Chacón, “un ex militar con el grado de teniente e ingeniero de comunicaciones”. Chacón replicó a Science con una carta en la que citó avances de la última década: con la Ley Orgánica de Ciencia y Tecnología la inversión en investigación y desarrollo habría pasado de 0,39% del PIB en 1998 a 2,69% en 2007; el acceso a internet habría aumentado de 5,43% en 2003 a 27,04% en 2009 con la instalación de 3.187 infocentros; el número de investigadores habría pasado de 3.597 a 10.187 entre 1998 y 2008. El ministro negó represalias contra los disidentes. Sobre el salto en el número de investigadores, Rangel Aldao afirma que se debe a la flexibilización de las exigencias para evaluar los méritos de la producción científica. Asegura que el requisito de las publicaciones en revistas con comités editoriales reconocidos ahora es menos estricto. Dice que las personas que difunden un artículo en colectivo tienen el mismo mérito, “en detrimento del autor principal, responsable del grupo de trabajo y del financiamiento del proyecto que dio lugar a la investigación”. Para Luis Carbonell, ex presidente del IVIC, el problema es que los recursos se han invertido en actividades que no son científicas. “En Venezuela se profesionalizó la investigación en ciencias básicas, de las que no se ve aplicación inmediata, pero que va sumando conocimientos útiles a otros investigadores. Quienes trabajan con independencia, y bajo los cánones estrictos de la ciencia moderna pueden hacer eso. Pero nuestras autoridades creen que la ciencia es comprar satélites o hacer infocentros; eso es acceso a las telecomunicaciones, no ciencia”, se lamenta. Menos dinero. En cuanto al presupuesto, las alarmas siguen encendidas. La caída de los precios del petróleo obligaron a reducir el presupuesto nacional en 6,7%, recorte que afectó a las universidades e instituciones que hacen investigación. El tijeretazo se sumó a la tardanza en la distribución de los fondos provenientes de los aportes de las empresa privada, que estableció la Locti, y que desde la llegada de Chacón al despacho, las instituciones dejaron de recibir directamente. En el IVIC, según científicos de ese centro, el retraso de las asignaciones pasa de ocho meses. Este año al Ministerio de Ciencia y Tecnología se le añadió la gestión de las Industrias Intermedias (manufactureras). Para 2010, el presupuesto del despacho aumentará 51% con respecto a 2009. Sin embargo, sólo 3 de las instituciones bajo su égida verán un aumento de los aportes del Ejecutivo con respecto a 2009: la Fundación Instituto de Estudios Avanzados, con 10%, la Fundación Infocentro y el Centro de Investigaciones de Astronomía Francisco J. Duarte, con alzas de 120% y 94%, respectivamente. En cambio, los recursos para centros de investigación se mantendrán igual, y bajará en el caso del IVIC, el Observatorio Nacional de Ciencia y Tecnología, el Centro Nacional de Innovación Tecnológica, el Fondo Nacional de Ciencia y Tecnología y la Agencia Bolivariana de Actividades Espaciales. Esto pese a que la inflación entre enero y octubre de este año ya alcanza 19,1%. Imagen tomada de santino.blogia.com Temas Relacionados: |
Sin Comentarios |
Escribe y comparte tu opinión en el siguiente formulario.
Puedes dejar tu comentario a continuación: