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Afánisis: el exilio del deseo por Adrián Liberman


Afánisis: Del griego aphanisis: invisibilidad, desaparición. Abolición total y permanente de la capacidad de gozar; desaparición del sujeto mismo, en su relación con los significantes.

Los regímenes totalitarios adoran las divisiones, el blanco y negro de los pobres vs los ricos, de escualidos y rojos-rojitos. Ayer, una vez mas el presidente Chávez nos recordó que no hay posibilidades de reconcialiación, pues vivimos una guerra de clases (sic).

Adrián Liberman escribe en El Nacional una nota sobre la afánisis, la receta totalitaria, esta vez de la mano de la Cuba castrista, la cual impone divisiones montadas en un discurso de odios, descalificaciones y muchas mentiras.

La respuesta está en cada uno de nosotros. ¿Qué hacer? No comprar el discurso divisionista y trabajar en los valores de la horizontalidad venezolana, la cual en el pasado siempre se impuso a pesar de todo.

Afánisis: el exilio del deseo
El Nacional
Lunes 08 de Febrero de 2010
Adrián Liberman

Cada momento histórico tiene sus modalidades de subjetivación, y por ende de sufrimiento. Si la posmodernidad con su “vale todo” produjo el recrudecimiento de la anorexia, la bulimia, las adicciones y las patologías del desamparo, ¿qué consecuencias clínicas tiene el “no vale nada” de la Venezuela totalitaria? En mi experiencia, la presentificación más ominosa en la psique de lo que somos como sociedad es la afánisis. Este término, que proviene del griego, significa la extinción del deseo.

Quienes padecen de ello son personas que han visto mutilada la dimensión más importante del ser humano que es la del deseo y sus vicisitudes. Son personas sin proyecto, sin anhelos, gente en las que el encogimiento de hombros constituye el único gesto que pueden hacer para definirse.

Desear, querer, ambicionar es una parte fundamental de la estructuración psíquica del ser humano. Proviene de las primeras experiencias de incompletud, producto de la intensa dependencia inicial y tiene un rol sustantivo en la humanización. Desear implica saberse en falta, pero también es la posibilidad de construirse realidades distintas a las actuales, emprender iniciativas con vistas a suplir aquello que se siente en déficit.

Perder esta dimensión, llegar a sentir que de nada sirve hacer proyectos, porque es posible ser negado totalmente por el discurso oficial imperante, tiene las características de una catástrofe subjetiva. No se trata ya de la angustia que emerge por los vaivenes de la economía, los sobresaltos de saber que el desempleo acecha en todo momento o por los efectos siniestros de la violencia delincuencial. La afánisis es un desmantelamiento, una pérdida de la noción de lugar y valor dentro de un tejido social. Es una falla del Otro, referida a un sistema de lazos que se afloja tanto que ya no sostiene a la persona. En nuestra cultura actual se expresa mediante la anulación, la conversión de grandes masas en “escuálidos”, “burgueses” o cualquier otra denominación que termina equiparándose a “no persona”. Es el “ubermensch” nazi, el “gusano” cubano, la deshumanización que precede a racionalizar el aniquilamiento de quienes son calificados así.

La afánisis es más que desesperanza aprendida. Tiene un efecto desestructurante, de desarbolamiento de las posibilidades de goce y de transformación, una especie de napalm psíquico. La tarea de un analista con alguien que padezca de afánisis es todo un reto técnico. Relanzar a alguien a la dimensión deseante, encontrar significantes que nuevamente motoricen los anhelos y las acciones específicas de quien ha tirado la toalla frente a su propia existencia cuestiona la neutralidad y abstinencia de la técnica. Tensa y pone en juego el deseo del analista como alguien que desea el bien para quien escucha.

Pero, además, el avance de la insignificancia, que al fin y al cabo es el espíritu de la afánisis trae al tapete otro desafío. Y éste es volver a colocar al freudismo en el centro de las transformaciones sociales, por ejemplo, difundiendo y ayudando a entender al colectivo las consecuencias nefastas que la insignificancia tiene.

Como del valor de síntoma, de manifestación de profundo malestar que éste tiene. El psicoanálisis tiene el imperativo de mostrar su valor social, como discurso que aporta elementos valiosos para la comprensión de lo que somos así como en la implementación de las transformaciones que se desean.

En la afánisis hay un mensaje que muestra hasta dónde el totalitarismo es destructor. Y ayudar a cambiar eso es tarea de todos, so pena de verse condenados a desaparecer.

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