‘Negar la realidad’ por Rafael Rangel Aldao
Gracias a Rafael Rangel Aldao por escribir en forma concisa y precisa una respuesta a la ‘historia oficial’ sobre el estado de nuestra ciencia en esta década bolivariana. Coloco al final del artículo de RRA dos gráficas enviadas por Luis A. Núñez que relaciona nuestra productividad con la de Colombia, México, Chile y Argentina. Perdon, las figuras estan basadas en SCI/ISI, la base de datos que usa el Imperio y nuestro gobierno compra y distribuye entre sus institutos. El Universal Ilimitada es la imaginación oficial para justificar el atasco de la ciencia nacional por casi un decenio. Según revela el Ministerio en una entrevista de un diario de circulación nacional, la ciencia no es universal ni tampoco estudia la naturaleza, solo resuelve “intereses nacionales”. La actividad científica, reza la versión oficial en boca de un alto funcionario, no se mide por la producción de conocimientos sino por la “pertinencia” a esos intereses nacionales, que en los países avanzados lejos de perseguir el progreso y bienestar de la humanidad, solo oprime a los más débiles. Para la Autoridad, investigadores, publicaciones, conocimientos y tecnologías tampoco miden la ciencia nacional. Solo la conveniencia importa, “para eso es que los países tienen ciencia”. Igual con el deporte, donde no cuentan marcas o medallas alcanzadas, o en las artes, sin obras ni luces. Esto explicaría los resultados olímpicos y el cerco a la cultura y la información universal, inoportunos todos a esos intereses nacionales. Obvio es que se trata de una fábula oficial. Se imagina uno cuán pertinentes habrán sido abstracciones como la teoría de supercuerdas, la computación cuántica, y la genómica comparada para los países que produjeron tales conocimientos. En todo caso, jamás fue el producto de la política oficial sino de científicos como los nuestros “que quieren trabajar para ellos mismos”. Es la libertad individual la que produce el progreso y no un colectivo sumiso y mediocre. Con igual ficción se explican las acrobacias contables de la LOCTI en las grandes empresas, o el descomunal aporte a una universidad pública sin investigadores ni trayectoria científica. El heraldo de la política oficial, a modo de consuelo, es un servidor público (no científico) por demás respetado, afable y caballeroso que siempre ha atendido oportunamente a quien lo ha solicitado. Pero la ciencia, la historia, y los hechos desmienten su versión.
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