Flor Pujol: “He podido estudiar una perla escondida de la ciencia”
Su premio es muy bien recibido por todos sus amigos y pronto estaremos celebrando con ella estas fiestas patronales de la ciencia venezolana. “He podido estudiar una perla escondida de la ciencia” Flor Pujol es una de las ganadoras del Premio Lorenzo Mendoza Fleury El virus de la hepatitis B, en esencia, es el mismo en todas partes del mundo, pero, extrañamente, no es del todo igual. A la cabeza del Laboratorio de Virología Molecular del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas, Flor Pujol ha logrado desnudar al genotipo del virus que afecta fundamentalmente a las poblaciones autóctonas venezolanas. Pujol, de 49 años de edad, no esperaba ser distinguida por sus trabajos en ese campo con el Premio Fundación Polar Lorenzo Mendoza Fleury, que por primera vez galardona a cuatro mujeres simultáneamente. Su mente andaba sumergida entre los anuncios de aumento de casos confirmados de gripe A H1N1 comúnmente conocida como gripe porcina cuando recibió la llamada de Leonor Giménez de Mendoza. Esa voz al otro lado de la línea telefónica significaba el reconocimiento por sus años de trabajo. “He podido estudiar una perla escondida de la ciencia: el panorama molecular del virus de la hepatitis B en Venezuela y Latinoamérica (…) Le he dedicado mucho esfuerzo a escudriñar su origen y sus características moleculares con el fin de saber su evolución y sus movimientos”, dijo. Su trabajo, más que el de una viróloga, parece el de una antropóloga. Ha seguido los rastros de las mezclas étnicas de la población venezolana para darse cuenta de que el virus de hepatitis B en el país tiene huellas amerindias con unas pocas marcas europeas y africanas. “Con el advenimiento de la biología molecular, se lograron definir los genotipos y serotipos de los virus. Así, se identificó que en nuestras poblaciones autóctonas se encuentra un genotipo F de hepatitis B, el cual es muy distinto al que circula en Asia o África. Es el mismo virus, pero con variantes. El virus en cada lugar no será igual de patógeno, no progresará de la misma manera a cáncer ni responderá igual a las terapias”, explicó. Pero la detección del genotipo F no sólo ocurre entre las poblaciones autóctonas, pues 80% de las muestras que dan positivas para hepatitis B en los bancos de sangre pertenecen a ese genotipo. “Lo mismo ocurre en Perú y Colombia. En Brasil, el componente africano es muy fuerte y el panorama cambia”, dijo. Se calcula que existen 350 millones de portadores de hepatitis B en el mundo; mientras, sólo en Latinoamérica habría 11 millones de personas infectadas. Conocer las variantes del virus garantizará la efectividad del tratamiento. Una vida. Pujol se interesó por la ciencia gracias al empuje de su fallecido padre. Sólo pensar cuán orgulloso estaría al saber que hoy es reconocida por su trabajo científico le hace imposible contener las lágrimas. “Mi papá era un amante de la matemática. Por eso, nos dio la inmensa libertad de estudiar lo que quisiéramos, a pesar de que su propio padre nunca lo dejó estudiar. Él fue, sin duda, un gran impulso. Por eso, sus tres hijos se dedicaron a la ciencia. Nos marcó su pasión por la ciencia”, dijo con la voz entrecortada. Pero Pujol sabe que no ocurre lo mismo en todas las familias, pues las carreras científicas en todo el mundo no son la primera opción de los jóvenes al ingresar a la vida universitaria. “Es difícil revertir esa tendencia. Lo único que puedo decir es que tuve el privilegio de estudiar algo que me gustaba y me hace sentir plena saber que hago aportes para mi país con ello”, aseguró. Nacida en Caracas de padre francés y madre venezolana, Pujol ha hecho aportes a su país, ese que tanto ama, a pesar de haber sido criada con una gran influencia francesa e, incluso, haberse casado con un francés. Pero, sin duda, el premio la ha dejado con una profunda emoción y, quizá, sorpresa. “Confieso que no esperaba recibirlo. No sé si el galardón es merecido, pero sí puedo asegurar que siento un gran honor. Estoy feliz porque siento que le he cumplido a mi país”, manifestó. Agradecimientos La investigadora Flor Pujol agradece en primer lugar al doctor Ferdinando Lipandri, jefe del Laboratorio de Biología del Virus del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas. “Fue mi mentor y lo seguirá siendo”, dijo. Además, reconoce la labor de su asistente desde 1995, Carmen Loureiro. “Ha sido mi mano derecha en el Laboratorio de Virología Molecular”, dijo. Su padre y su madre también están en sus pensamientos. “Sin su apoyo nunca hubiese entrado a la carrera científica”, expresó. Perfil
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